La Modita de:
Propósitos de año nuevo (y otras mentiras bien intencionadas)
Pasa la Navidad. O eso creemos. Porque hay quien la odia profundamente… pero no renuncia ni a los festivos que vienen con ella ni a un par de borracheras bien justificadas por el calendario. Odio la Navidad, dicen, mientras brindan, comen como si no hubiese mañana y apuran hasta el último roscón con la misma fe con la que luego hablarán de detox en enero.
Y llega el 31. Las doce de la noche. Ese momento mágico en el que creemos, con una convicción digna de estudio, que algo va a cambiar solo porque el reloj lo ha decidido. Cambia el año, cambia el número, y de repente nos invade una ilusión renovada, casi infantil, de que esta vez sí. De que ahora sí vamos a hacer las cosas bien.
Nos apuntamos al gimnasio, yo empiezo el día 2 y porque el 1 está cerrado, Prometemos hacer el Camino de Santiago, Ser mejores personas, Comer menos mierdas, Llamar más a los nuestros. Ver menos pantallas. Leer más libros. Escuchar más y hablar menos. Dormir mejor. Vivir mejor. Todo eso lo decidimos en chanclas, con resaca emocional y el frigorífico lleno de sobras.
Lo curioso es que no solemos tener ninguna intención real de cambiar nada. Solo nos tranquiliza la promesa. El propósito. El “este año sí” como mantra tranquilizador que nos permite seguir exactamente igual… hasta el próximo 31 de diciembre, cuando volveremos a repetir el ritual con la misma solemnidad y los mismos resultados.
Esta mañana vi un texto que decía algo así como que las redes sociales han dejado a los hombres obsesionados con mujeres que no conocen y a las mujeres persiguiendo estilos de vida que nunca han vivido. Todos detrás de fantasías vacías, destruyendo lo que sí podrían tener por algo fugaz. Y pensé que ahí está gran parte del problema.
Nos prometemos cambios enormes mientras seguimos alimentando la misma ficción diaria. Queremos resultados distintos sin tocar rutinas. Buscamos versiones mejoradas de nosotros mismos sin pasar por el incómodo trámite del esfuerzo, la constancia o el aburrimiento. Preferimos el post inspirador al paso incómodo. El vídeo motivacional para usar de Story en Instagram al silencio necesario.
Enero llega siempre cargado de buenas intenciones y gimnasios llenos. Febrero ya empieza a colocar las cosas en su sitio. Y marzo… marzo es la verdadera verdad. Ahí es donde se quedan los que iban en serio y desaparecen los que solo necesitábamos sentirnos mejor durante una semana.
No escribo esto para señalar a nadie. Yo también he prometido más de lo que he cumplido. Llevo años buscando el camino de lozas doradas que me baje de los 90 kilos, Yo también he creído que el cambio venía solo con el año nuevo. Pero quizás va siendo hora de admitir que no hacen falta doce campanadas para empezar algo. Que cambiar duele. Que cuesta. Y que no queda tan bonito en Instagram.
Quizá el verdadero propósito debería ser uno solo: dejar de mentirnos tan a menudo. Y mientras seguimos prometiendo futuros perfectos, se nos escapan los momentos de ahora. Los pequeños, los reales. Los únicos que importan. Porque #lavidasonratitos, aunque a veces se nos olvide.